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Hace 95 años llegaron los Menonitas a San Antonio de Arenales


Cuauhtémoc, Chih.- Muchos cambios han vivido los menonitas desde aquel 8 de marzo en 1922 cuando los pioneros bajaron del ferrocarril en la estación de bandera de San Antonio de Arenales, donde formarían la primera colonia en México.

Hoy en día la comunidad menonita cuenta con una población de más de 100 mil habitantes y están presentes en 12 estados de la República Mexicana, así como en otros países de Latinoamérica.

Los menonitas en Cuauhtémoc forman una parte indispensable de la historia chihuahuense porque definieron el rumbo económico y social de toda una región, ya que su llegada trajo también nuevas costumbres y un idioma que han conservado hasta la actualidad.

Luego de años de trabajo dedicados al campo, como su religión les exigía, los menonitas crearon lo que hoy se conoce como el Corredor Comercial.

Considerado como uno de los más grandes corredores comerciales a nivel Latinoamérica y que une a la cabecera Municipal con el Seccional de Álvaro Obregón, cientos de fábricas y negocios se han establecido aquí y sus tierras se cotizan en miles de dólares.

Los menonitas son los principales productores de maíz en Chihuahua y uno de los líderes nacionales, con un rendimiento promedio de 10 toneladas por hectárea, representa una de las actividades más rentables para esta comunidad.

La metal mecánica es uno de los fuertes de la comunidad menonita, así como la agroindustria en la que han repuntado gracias al ingenio y tenacidad de su gente, ya que son capaces de reproducir y mejorar, literalmente, cualquier herramienta, equipo o artículo que se les presente.

Entre otras cosas fabrican: remolques, casas móviles, tinacos, tanques, plataformas para camiones, maquinaria diversa, incluso los contenedores metálicos para el traslado de motores para vehículos de grandes empresas trasnacionales.

Mientras que en el área comercial han comenzado a incursionar en actividades como los servicios y en todo el corredor se observan restaurantes en donde se puede degustar la comida tradicional menonita y su famosa repostería.

En este rubro destacan las pizzas menonitas, una combinación del platillo italiano pero aderezado con ingredientes como la salchicha hecha por ellos mismos y el queso.

El procesamiento de lácteos es otro de los fuertes de la comunidad menonita que ha desarrollado grandes industrias en torno a la cría de ganado de leche, ofreciendo la más variada producción de queso al mercado nacional e internacional.

Tan solo en Cuauhtémoc se estima que existen al menos 20 queserías que en conjunto elaboran día a día 70 toneladas de este producto, sin contar con otros derivados como yogurt, crema y la misma leche pasteurizada.

Los menonitas han conservado gran parte de sus tradiciones, siguen siendo una comunidad unida y poco a poco se han abierto al resto de los habitantes de esta región, dando a conocer aspectos hasta hace algunos años reservados solo para ellos.

Aunque conservan su idioma, ya no utilizan el transporte antiguo conocido como bogue (carro tirado por mulas o caballos) y sus tierras producen con sistemas de riego, así como modernos tractores.

Sin embargo, aún existe la comunidad conservadora que rechaza la modernidad y los adelantos tecnológicos que son vistos como algo opuesto a su religión, mantienen la vestimenta tradicional y ya casi no es posible verles en el centro de la ciudad.

A 95 años de su llegada, tras haber padecido las inclemencias de San Antonio de los Arenales, el asombro de la gente al verles tan distintos a la raza mexicana, los menonitas son el parteaguas que da a Cuauhtémoc el mote de tercera ciudad en importancia económica para Chihuahua, ya que su amor al trabajo y entrega a la familia, la convierten en un modelo a seguir.

Algo de historia, su llegada a México

Los enviados habían hecho valiosos contactos con funcionarios del gobierno mexicano, uno de ellos era Arturo J. Braniff, cuñado del Presidente Álvaro Obregón. Braniff era representado en Canadá por J.F. Wiebe.

Los grupos interesados en establecerse en México y que integraron la delegación que vino a México a concretar el acuerdo con el gobierno eran: Manitoba representado por Klass Heide, Kornelius Rempel y el Reverendo Julius Lowen, Hegue representada por el Reverendo Johan Loeppky y Benjamín Goertzen y Swift Current representada por David Rempel quien de nuevo se haría cargo de la crónica del viaje.

En su crónica, Rempel narra las peripecias vividas durante el viaje y dice que el 24 de enero de 1922 partieron de Rosenfeld para de ahí dirigirse a Winnipeg.

En enero 25 arreglaron sus trámites migratorios con el gobierno norteamericano y obtuvieron las visas del cónsul mexicano para viajar a El Paso, Texas. El 30 de enero en El Paso los contactó el Sr. J.F. Wiebe quién los condujo a Tucsón, Arizona a entrevistarse con el Sr. Enlow quién tiene en comisión tierras en el noroeste de México.

El 2 de febrero de Tucsón el Sr. Enlow los conduce a Nogales, Arizona donde realizan los trámites migratorios y se internan a Sonora.

El 1° de marzo de 1922, salió de Manitoba, Canadá el primero de los seis trenes que contrataron los mennonitas a un costo de 30,000 dólares por cada uno para transportarlos hasta México, llegando a San Antonio de los Arenales el día 8 del mismo mes.

En total arribaron 9 mil 263 personas que se distribuyeron 8,025 en lo que hoy es el Municipio de Cuauhtémoc, 511 en el Municipio de Namiquipa y 727 en el Municipio de Riva Palacio; los tres municipios localizados en el estado de Chihuahua.

Cada familia traía, además de sus pertenencias personales, su menaje de casa, carros de transporte, caballos de tiro, vacas lecheras, pollos, gansos, cerdos, implementos agrícolas, semillas para siembra, maderas y materiales para construcción de sus casas y la nada despreciable cantidad de 15 millones de pesos.

Se organizaron en dos colonias: Manitoba conformada por 42 campos numerados del 1 al 42 y Swift Current conformada por 17 campos numerados del 101 al 117.

Las tierras en legalmente fueron adquiridas por dos compañías y fue a través de ellas que se les entregó la porción correspondiente a cada familia consistente en alrededor de 40 acres. Esas compañías son las que hasta la fecha poseen legalmente las tierras, y ellas son las que pagan las contribuciones estatales y municipales mismas que a su vez cobran a los colonos.

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