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Abraham, hijo de Pioneros, recuerda su historia; Menonitas rumbo al aniversario 95 de su llegada


Cuauhtémoc, Chih.- Tiempos difíciles vivieron cientos de familias menonitas que vinieron a México en busca de la paz que les permitiera comulgar su religión sin problemas, sin embargo la pobreza extrema era el común denominador de aquellos años cuando Sara Wiebe Wiebe, llegó por primera vez a Cuauhtémoc procedente de Canadá y con apenas cinco años de vida.

Era 1926 y la promesa de una tierra fértil donde se pudiera trabajar, sin un gobierno exigente que les pidiera cambiar sus usos y costumbres, la familia de Sara Wiebe decidió venir desde el norte del continente hasta esta ciudad en tren para asentarse en el Campo 113, más allá de lo que hoy es el seccional de Álvaro Obregón.

Abraham Schmith, hijo de Sara, relata que la vida de sus antecesores fue tan precaria porque no había más que la tierra que entonces les proveía de maíz, siendo ésta la base de su alimentación.

“No había nada más, ni harina. Vivían con mucha pobreza, sembraban el maíz con la barra y eso era lo que comían, nada más lo molían, así vivían”, cuenta Abraham, quien explica que sus abuelos vinieron a México porque en Canadá les exigían que aprendieran el inglés como segundo idioma y eso interfería con la estricta religión que practicaban.

“Se vinieron porque aquí tenían su paz, pero no fue lo que esperaron, había mucha pobreza”, recuerda Abraham, quien recuerda su niñez en el campo 105 a donde Sara se fue a vivir con su esposo Juan Schmith tras unirse en matrimonio.

Ella jamás aprendió otro idioma que no fuera el alemán bajo que hasta hoy en día hablan los menonitas como lengua materna, trabajó en el campo y la casa y formó una familia de la que desciende Abraham.

Hoy la vida es más fácil y aunque no se tienen grandes lujos, para los hijos de Abraham las carencias no fueron ni comparables como las que enfrentaron muchos menonitas, “todo ha cambiado tanto, ni se imagina. Antes trabajabamos con caballo, era lo único que teníamos para manejar y a mis hijos ya no les tocó, como quiera siempre hemos sido pobres pero siempre hubo qué comer”.

Aunque muchas familias menonitas, principalmente las más tradicionalistas, no les parece correcto el contacto con la modernidad porque contraviene sus principios religiosos, otros tantos creen que es importante que los menonitas aprendan otro idioma, ya no solo el español, sino el inglés que se da como materia en las escuelas de los colonos desde temprana edad.

“Yo veo que es lo que nos hace falta, porque estamos en México y tenemos que hablar este idioma y lo que usamos para trabajar no nos afectará en la otra vida, la de después de la muerte”, concluye.

#local

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