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Posada del Sol, regalo de amor de un visionario empresario


Cuauhtémoc Chih.- Han pasado más de 20 años que el hotel Posada del Sol abrió sus puertas al turismo en Cuauhtémoc, desde entonces muchas historias han quedado escritas entre sus muros, principalmente aquella de un sueño familiar que motivó la construcción del castillo medieval en estas tierras.

La familia Trevizo Quevedo fue la que en 1983 abrió esta empresa en Cuauhtémoc, con la finalidad de atraer turismo en un ambiente campirano pero lleno de lujos como jacuzzy, alberca, discoteca, restaurante y bar, así como atractivos extras como la cacería y recorridos para conocer la región.

Hoy, el creador de este notable edificio ya falleció, al igual que su esposa con quien tuvo dos hijos que hoy son los herederos del famoso “castillo”, como la gente de la región distingue este lugar ubicado en la esquina de la Calzada Belisario Chávez y Venezuela.

Todo surgió cuando el matrimonio realizaba alguno de sus viajes a Europa, conquistado por la belleza de los castillos medievales, el empresario volvió con la firme idea de recrear en Cuauhtémoc un palacio que sirviera de hotel.

Aunque la familia es originaria de Chihuahua, capital, eligió esta ciudad por su clima y paisaje y lápiz en mano pidió al arquitecto que recreara su visión del castillo, durante horas el dibujante hacía y rehacía el edificio, que finalmente dio gusto al cliente.

En 1983 el Posada del Sol ofrecía 45 habitaciones finamente decoradas, dos suites y todos los servicios ya mencionados, en un ambiente que parecía transportar al huesped a otro mundo, regresar el tiempo y ser atendidos como verdaderos cortesanos.

Tiempos difíciles vinieron y el Posada del Sol tuvo que cerrar sus puertas en 1997, hace años que los padres de familia murieron, dejando su legado a sus dos únicos hijos quienes resguardan con cariño esta propiedad y aunque ya no funciona como hotel, está disponible para fiestas y otro tipo de eventos.

“Mi padre fue un visionario, todos le decían que él estaba 20 años adelante de su tiempo”, dice su hijo, quien destaca que la intención de la familia siempre fue la de atraer turismo a Cuauhtémoc y ofrecer algo más al turismo.

Con amabilidad, el joven muestra también una de las partes del hotel que no están abiertas al público, es el chalet ubicado en la parte posterior de la propiedad, inspirado en una casa de campo suiza, era la casa de sus padres.

En dos plantas y un mezzanine, el edificio es de una belleza indescriptible, todo decorado con objetos antiguos que le dan un toque original y que nuevamente transportan a quien lo visita a la época medieval.

Posada del Sol está en un proceso de renacimiento, poco a poco ha sido rehabilitado y con entusiasmo los jovenes empresarios planean que en breve este edificio, emblemático de la ciudad, vuelva a lucir aquel esplendor de la década de los ochenta y abra sus puertas a nuevos visitantes.

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